jueves, mayo 04, 2006

La seguridad del Luna
brilló por su ausencia




Por Renato Gulli

Al recordar la velada del sábado 22 de abril en el Luna Park, rápidamente uno piensa en la derrota por nocaut del ídolo. Como nunca, los asistentes a una pelea de Jorge "Locomotora" Castro lo vieron en esas condiciones. Sintiendo las manos desde el primer round. En el piso dos veces. Con la mirada perdida. Peleando con una sola mano –la izquierda–. Más cerca del retiro que nunca (ahora el "Roña" quiere volver).

Pero hay un tema importante que es conveniente no dejar pasar: la seguridad del mítico estadio del boxeo argentino y latinoamericano. La gota que rebalsó el vaso fueron los incidentes que se produjeron luego de que Castro haya sido noqueado por José Luis Herrera. Ese altercado deja en evidencia falencias en los encargados de mantener el orden y la tranquilidad cada vez que el Templo abre sus puertas a cualquier espectáculo. Falencias que ya existían.

Se podía prever lo que sucedió. Casi un mes antes se sabía que la barra brava de Boca, la llamada “Número 12”, asistiría a la velada. Unas 170 entradas recibieron para ser invitados de lujo. Y si hay público del fútbol en el estadio, es lógico que la seguridad debe ser acorde a la clase de operativos que se utiliza en un encuentro de fútbol. Sin embargo, el sábado en el Luna no había ni un solo policía. O al menos no estaban uniformados. ¿Era muy difícil imaginarse que si Castro perdía –que había posibilidades–, esta gente podía tomar represalias? Los hinchas del fútbol son diferentes a los del boxeo. Paradojicamente, son más agresivos. No es bueno agrupar a todos de la misma forma. Pero en su gran mayoría, se cumple esta premisa.

Los señores que debían evitar cualquier tipo de inconvenientes son esos hombres que -usualmente- merodean por las instalaciones del predio de Corrientes y Bouchard, llevando traje, de espaldas anchas, al estilo patovica de boliche. Estos empleados de seguridad poco hicieron para detener a ese grupo de violentos, identificados como barra bravas boquenses, que le propinaron una verdadera paliza a Oscar Marín, el hincha -también barra- de Chicago agredido en la gresca, y que tuvo que ser hospitalizado.

El hecho de que no hayan intervenido ni bien se inicio la trifulca no sorprende. Festival tras festival que se lleva a cabo en el Luna Park, esta suerte de patovicas se preocupan más en pelearse con periodistas –especializados en boxeo, o no– de los medios menos reconocidos o estudiantes de periodismo, que por proteger a los protagonistas o evitar desmanes. Y por esa tarea –justamente– cobran su sueldo.

Pero cuando realmente debieron actuar, brillaron por su ausencia. Otras personas tomaron la posta-entre ellos periodistas- y subieron al "Gordo" Marín al ring para que la tunda cese. Encima, hay una versión que tiñe de negro a los empleados de seguridad que ese sábado trabajaron en el estadio. Trascendió que la reja que separaba el ring side con la cabecera que ocupaban los hinchas de Boca fue abierta intencionalmente por quienes eran los encargados de no permitir que se abra. Es decir, el paso fue habilitado por los vigiladores del Luna. Una vergüenza total. Y nos es difícil de creerlo. Después de todo, justo antes del inicio de la contienda le habían dado el visto bueno a los chicos de la barra del Xeneize para que den una vueltita alrededor del cuadrilatero, con bombo, banderas y tropetas en mano.

También se dijo que el simpatizante de Chicago (invitado del "Roña" al ring side) comenzó con las provocaciones, al festejar ironicamente el nocaut del colombiano Herrera. Pero no se justifican los fatídicos acontecimientos. La seguridad falló. No previno, ni solucionó. Y falló como siempre lo hace cuando interrumpe la labor de la prensa, supuestamente "no importante". Cuando tienen un choque con un algún periodista, enseguida se excusan: "No me compliques, estoy trabajando". ¿Y la prensa, acaso está de paseo?. Ante la exigencia de derechos para trabajar por parte del periodista, estos patovas sacan a relucir guapeza y agresión. Una guapeza que no tuvieron para controlar a los muchachos de "La 12".

Los empresarios del Luna Park deberían tener en cuenta mejorar el funcionamiento del departamento de seguridad. Aunque desmanes como los que se produjeron en la pelea de Castro no son del boxeo (pese a que alguna que otra vez haya algún incidente como el año pasado en Trenque Lauquen, en el combate Bruer-Bermejo; o en Rosario, en la pelea Luján-Avendaño) hay que controlarlos. Los encargados de la seguridad y el orden deberían cumplir con su labor antes de entorpecer la de otros trabajadores.